Repercusiones sobre la Vacuna del VPH en España y el papel de los medios en el caso.
La vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH) ha generado repercusión desde el lanzamiento de una costosa y emotiva campaña publicitaria llevada a cabo en España. El mensaje de la campaña que, si se me permite el oxímoron, conmovió y atemorizó a la población tras promover que finalmente se había logrado, como pocas veces en la historia, vencer al cáncer que mataba a 2 mujeres al día. Frase que fue repetida hasta el cansancio, tal vez con la intención de implantar la idea de “una de esas dos mujeres podés ser vos”.
El “nuevo descubrimiento” fue motivo de festejos, aplausos y grandes monumentos en bellísimos jardines de Valencia.
Lo curioso del caso es que las vacunas del virus del papiloma humano (VPH) se han estado presentando al público en Estados Unidos (primer hecho: la vacuna no presenta novedad alguna) y otros países bajo la premisa de que ayudaban a prevenir el cáncer de cuello útero. La vacuna sólo inhibe a 4 de los 100 posibles virus que podrían generar el cáncer, y fortalece además a los restantes 96. La repercusión no tardó en generarse luego de que el Ministerio de Salud Español aprobara la incorporación de esta vacuna al calendario de vacunación.
Muchos médicos han alzado la voz contra las prisas y la realización de la campaña. Acusando a la publicidad de engañosa y de fomentar el miedo en la población. Basándose, entre otras cosas, en su efectividad no demostrada, descarada campaña de publicidad exagerando el riesgo y que la enfermedad está directamente asociada a la falta de higiene y a la pobreza. Se previene realizando controles, no con “mágicas vacunas”
La publicidad juega un papel fundamental en estos casos y es, sin dudas un arma de doble filo. ¿Cuál es el objetivo de lograr una excelente campaña si sus fines no son más que macabros y manchados de mentiras? ¿Cuál es el fin de convencer a millones de personas de que una simple vacuna (cuya aplicación se realiza en varias dosis muy costosas) logrará prevenirlas de cáncer, y quedarán salvadas y felizmente inmunes cuando realmente ocurre lo contrario? Y la verdadera pregunta radica en ¿quién es realmente el culpable aquí, si la industria farmacéutica que busca lucrar a través de mentiras, lo cual no sería novedad, una agencia que mancha su reputación por una buena campaña o un gobierno que cubre y defiende una mentira?
El límite de la publicidad se vuelve difuso entre una magnífica idea de promoción y la venta de una cruda mentira. Posiblemente la última sea la más efectiva, pero será la que nos habrá de condenar como publicitarios.
Lo interesante de este caso, es que la repercusión sobre las verdades y mentiras de la campaña se generó a través de redes de Internet: asociaciones internacionales de médicos intercomunicados, blogs, foros, etc. Donde fue la gente misma la que promovió y generó más repercusión.
Es entonces muy interesante el enfoque de este caso. ¿Es acaso la web 2.0 la que, de ahora en más, denunciará abusos y mentiras? Tal vez estamos frente a una nueva era donde el hombre salvará al hombre de aquel poderoso que pretende hacer daño. ¿O será Internet la que paradójicamente nos libere de las mentiras y nos permita luchar por un bien común?

